No me gusta Michael Bay. Pero en anteriores trabajos se le pueden sacar algunas virtudes narrativas (pocas), al margen del poderío visual -sello personal del cineasta-. No me ha gustado NADA Transformers 2. Es la vacuidad, la fruslería hecha película. Un agujero negro que se devora a sí mismo y cualquier recuerdo agradable de los minutos iniciales de la anterior entrega (lo único destacable), presentándose como un festival audiovisual largo, repetitivo, y de imposible digestión durante dos horas y media. Ya sabemos de lo que son capaces los ordenadores hoy en día aplicados al cine. Pues bien, no nos engañemos. Eso es ni más ni menos lo único que se puede sacar como conclusión del videoclip más largo de la historia. Eso y que Bay le ha cogido gustillo a los planos de 360º, 720º y 1080º con un bonito paisaje de fondo. ¿La trama?. Tres ideas a grandes rasgos escritas en papel de váter de cualquier gasolinera de L.A. Los defensores -que los habrá y muchos- volverán a escudarse en la típica excusa del blockbuster veraniego, con efectos visuales espectaculares, palomitas y sin mayores pretensiones. Cine de entretenimiento sin más dirán… Excusas baratas para defender lo indefendible. Sólo válidas si todo el cine estival no hubiera mostrado antes durante años productos infinitamente más dignos y trabajados que esta abominable secuela.