Y al sexto día, la locura se apoderó de Cannes. Quentin Tarantino y sus Inglourious Basterds han aterrizado en Cannes provocando la histeria colectiva.

Brad Pitt en Cannes  - 300Una histeria que no se ha trasladado al patio de butacas al finalizar la película, que se ha recibido con un aplauso más que políticamente correcto. La cinta del director de Pulp Fiction, una historia ambientada en la Francia ocupada por los nazis y que se acerca a las tres horas de metraje, no ha logrado cautivar como lo hiciera su segundo trabajo, hace ya 15 años. Tarantino está encantado de tener una relación tan buena con el festival.

“El objetivo de cualquier cineasta es venir a Cannes. No hay un sitio así. Son los Juegos Olímpicos, el monte Olimpo del cine. Aunque a la gente no le guste lo que hace puedes sentir la pasión. Viene gente de todo el mundo, de Finlandia, Islandia, Groenlandia… Traes tu película y la ve la prensa de todo el mundo a la vez. Yo no hago cine para EE UU, lo hago para todo el planeta. Y Cannes representa el cine”, ha asegurado el realizador, protagonista absoluto de una rueda de prensa en la que todos los presentes aparecieron con una copa de champagne.

“Cinco botellas de vino vacías”

Diane Kruger en Cannes - 300Respecto a las posibilidades de Tarantino de alzarse con algún premio en la gala del domingo, el de Knoxville no cree que haber presidido el jurado y haber ganado la Palma de Oro con anterioridad vaya a ser un problema. “No creo que le afecte al jurado. Con Isabelle [Huppert], tengo una gran relación”, ha declarado.

Y en cuanto a la colaboración de Brad Pitt, ambos han asegurado que querían trabajar juntos desde hacía tiempo. Pitt ha explicado como acabó envuelto en el proyecto: “Recuerdo que Quentin vino un día a casa con un guión bajo el brazo. Estuvimos hablando toda la noche. A la mañana siguiente recuerdo que había cinco botellas de vino vacías en el salón. Al parecer había aceptado rodar la película”.

Una nueva cara en el cine de Tarantino es la presencia del alemán Daniel Bruhl, que juega el papel de héroe de guerra alemán que intenta ganarse el corazón de la dueña de un cine. Bruhl, que vio Pulp Fiction “cuando tenía 16 años e hizo que quisiera convertirme en actor”, ha explicado como consiguió el papel: “Mi personaje habla mucho francés pero las hojas de guión que tenía estaban escritas en inglés. Y como ni Tarantino ni el productor tenían ni idea de francés, les dije que iba a improvisar. Lo que hice fue hablar en castellano, que es una lengua que conozco desde pequeño… ¡y se quedaron maravillados!”.

Una extraña relación de pareja

Inglorious basterds (que en España se titulará Malditos bastardos) es el personal viaje de Tarantino a la Segunda Guerra Mundial. La cinta reúne lo mejor y lo peor del cine del estadounidense. Por un lado es capaz de entretejer una historia en la que los personajes tienen una gran fuerza y sabe crear atmósferas como nadie, pero por otra parte su cine empieza a parecer un teatro filmado en el que los diálogos alargados hasta la extenuación parecen la única razón de ser.

A la sombra de Tarantino, Alain Resnais ha presentado Les herbes folles, en la que retrata una extraña relación de pareja en la que la imaginación y el misterio juegan un papel primordial. Resnais mantiene al espectador siempre alerta sin darle demasiadas pistas sobre las verdaderas intenciones de los protagonistas de esta peculiar historia de amor. El realizador, un hombre que este mes de junio cumplirá 87 años, entrega un producto filmado con una gran vitalidad y pulso narrativo.