No ocurre a menudo que dos horas en el cine pasen como un rayo. Hasta Spock, personaje caracterizado por la frialdad de la razón y la lógica, se deja llevar por la emoción y la adrenalina que mueve al nuevo y lujoso Enterprise. El productor, director y guionista (y lo que haga falta) J.J. Abrams tenía la tarea de reiniciar la saga de ‘Star Trek’, con la idea de atraer al mayor público posible, componiendo, a partir de los elementos más reconocibles de la obra de Gene Roddenberry, un blockbuster de éxito que pusiera los cimientos para futuras continuaciones.

J.J. Abrams, creador de series tan famosas como ‘Alias’ o ‘Perdidos’ (y de ‘Felicity’, como le gusta recordar, por ser muy diferente a lo demás que ha hecho), ya demostró que podía encargarse de manejar un proyecto de gran envergadura y ofrecer una estupenda película de entretenimiento cuando se hizo cargo de ‘Misión imposible 3’, su debut como director de cine. Con su segundo trabajo, Abrams vuelve a revelarse como un hombre que entiende perfectamente los gustos del público, así como un realizador habilidoso para crear espectáculo, sin olvidarse de los personajes que protagonizan la historia.

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